Comunicación Trascendente | Cuando ya no puedes salir del juego. Black Mirror 04×01 USS Callister
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Cuando ya no puedes salir del juego. Black Mirror 04×01 USS Callister

Argumento

Una empresa de desarrollo de realidad virtual está creando un juego inmersvio, en el que, con la misma tecnología que presentaban en el capítulo de San Junípero, puedes llevar tu conciencia a otro mundo, en principio creado por los desarrolladores para el juego en concreto. El capítulo plantea sin embargo una versión alterada del juego por uno de los desarrolladores, que insatisfecho con su vida, aprovecha la tecnología del juego para crear un mundo en el que poder someter a sus compañeros de trabajo, abusando física y verbalmente de ellos. De esta forma, el protagonista vive dos vidas totalmente opuestas: la real en la que se siente insatisfecho y cada vez más incapacitado para las relaciones interpersonales, y la virtual, donde es el héroe de su historia y puede hacer todo lo que en el mundo real no se atreve a hacer.

¿Cuánta gente desearía o ha deseado alguna vez poder tener esto?

Un lugar secreto y privado al que poder huir, donde todo es como yo lo imagino, nada tiene consecuencias, entro y salgo cuando quiero, mi libertad es totalmente ilimitada… Es tentador y cada vez más factible. Las drogas, las redes sociales, los mundos virtuales, juegos y demás aplicaciones en las que vivir desde un personaje, ya permiten separarte de la curda realidad en cierta medida y por un determinado periodo de tiempo.

Y esto es lógicamente adictivo. La brecha entre la vida real y la virtual es cada vez mayor, porque la diferencia entre la insatisfacción y la frustración que experimentas en el mundo real y la euforia y el desahogo que sientes en el mundo imaginario, son cada vez más radicales. Esa ruptura entre materialidad e inmaterialidad, entre cuerpo y mente, divide y destruye a la persona que se aísla y encierra en sí misma, viendo a los demás como coartadores de su libertad.

En el fondo, el ego vuelve a hacer estragos. El amor propio, la falta de autoestima, la falta de recursos para afrontar el fracaso, el dolor y la frustración, deja a la gente sola con su ego, en una batalla por preservarlo. Cada vez hay más gente con miedo a ser adulto y a tener responsabilidad. El síndrome de Peter Pan se extiende a marchas forzadas, porque es mucho más fácil venderle productos a los niños que a los adultos, así que: “hagamos niños grandes”, con autonomía económica, pero sin autonomía mental, que no dejen nunca de pensar en sí mismos, en “vivir el ahora”, que no tengan un plan de vida, ni proyectos de futuro, que vivan siempre soñando y siempre insatisfechos, porque así, siempre habrá algo que venderles para cubrir sus “necesidades”.

Pero esto no es tan moderno

La mente humana está hecha para soñar y proyectarse, y el ego es bueno y está siempre ahí pensando en nosotros mismos. Simplemente hemos de aprender a apoyarnos en él y dominarlo, en lugar de dejar que nos arrastre de un lado para otro. En tiempo de Jesús, los discípulos a veces también se ponían a soñar y se alejaban del mundo, por eso Jesús les tenía que pegar cortes y recordar que no les estaba vendiendo humo ni cuentos de hadas.

Cuando queda poco para que le crucifiquen, dos de los discípulos, que no tienen ni idea de lo que va a pasar, pero han visto a Jesús haciendo milagros, quieren ser sus hombres de confianza, estar lo más cerca posible de ese líder poderoso. Mc 10:35-41

Se le acercaron Santiago y Juan, hijos de Zebedeo.

—Maestro —le dijeron—, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.

—¿Qué queréis que haga por vosotros?

—Concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.

—No sabéis lo que estáis pidiendo —les replicó Jesús—. ¿Podéis acaso beber el trago amargo de la copa que yo bebo, o pasar por la prueba del bautismo con el que voy a ser probado?

—Sí, podemos.

—Beberéis de la copa que yo bebo —les respondió Jesús— y pasaréis por la prueba del bautismo con el que voy a ser probado, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí concederlo. Eso ya está decidido.

Los otros diez, al oír la conversación, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús no quiere que se aparten de él, quiere que no separen los pies del suelo y que revisen sus motivaciones, igual que las del resto que, de pronto, se descubren con envidia de estos dos. Todos en su cabeza estaban construyendo algo como el imperio romano que les oprimía, pero esta vez liderados por su Mesías y con ellos como sus hombres de confianza con los máximos privilegios. Pero Jesús no ha venido a eso, su reino no consiste en el sometimiento del prójimo, sino en el sometimiento de uno mismo, por el prójimo, algo que va directamente contra el ego para favorecer otras formas de amor.

El propio Jesús no se considera dueño de la situación “no me corresponde a mí concederlo” También él se somete a Dios. Cuando no solo nos creemos por encima de los demás, sino que además, creemos que no hay un Dios del que somos dependientes, directamente nos auto proclamamos dioses del mundo, un mundo en el que solo hay dioses independientes unos de otros y enfrentados.

Y remata la faena con la conocida frase: “el que quiera hacerse grande entre vosotros deberá ser vuestro servidor” Mc 10:43

Está muy bien soñar, pero luego hay que vivir, en los sueños hay unas normas y en la vida otras que no nos podemos saltar.

 

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